El hombre del parque
Me contó que tenía 69 años, que los había cumplido hacía dos horas, y que no esperaba ningún regalo de nadie. Me contó que le gustaba pasear despacio por entre los árboles del jardín de su casa, él llamaba casa a aquel edificio grande , impersonal, donde convivían decenas de hombres y mujeres y varias enfermeras.
Me contó que no dormía mucho y que nunca recibía visitas, que nunca hablaba con nadie porque todos eran muy viejos y andaban mal de la cabeza y sólo sabían decir tonterías y hablar de la cercana visita de sus hijos.
Se enfurecía al verlos hablar y se encerraba en su habitación, sólo cuando la visita de sus compañeros de Residencia se encontraba lejos, entonces salía a pasear.
- Esa es la más loca de todas.
Una viejecita sentada en un banco, escuchaba o parecía escuchar la música de un pequeño aparato de radio.
- Hace unos meses quiso que yo fuera su novio, me gustaba esconderme cuando ella me buscaba y quería ......
Se había acercado aquella mujer, con el paso cansino, arrastrando los pies pesadamente
- Son unos calcetines, los he hecho para ti, porque sé que hoy es tu cumpleaños.
- Escucha, vieja tonta, no me voy a casar contigo
- Escucha tú, viejo gruñón, yo sólo se hacer calcetines y te los daba a ti porque me das mucha pena, siempre estas solo y hasta en invierno andas sin calcetines muchos días, porque no hay quien quiera hacértelos.
Se fue con su aparato de música.
- Uno de estos días me iré de aquí, ya no los soporto, son unos pobres viejos que no valen para nada, todos andan mal de la cabeza.
Me contó, que un día, salió sin sus calcetines y una ambulancia lo recogió cuando intentaba acercarse al pueblo, alejado de la Residencia.
Me contó que le pusieron muchas inyecciones y que estuvo mucho tiempo en la cama, que había querido irse de la Residencia ,porque veía en aquellos hombres a una persona, que eran como él, pero que él no quería ser así. Él no quería ser viejo, pero lo era.
Me contó, que cuando estuvo en cama recibió una sola visita, aquella viejecita que escuchaba música, y que hablaba, hablaba, hablaba ..... , pero que cuando se iba se sentía solo, quería que volviera y no le importaba que no le dejara a él meter parte en la conversación.
Me contó que en mucho tiempo no se había detenido a escuchar el piar de los gorriones, ni a echarles migas de pan, que ya no solía pasear solo y que recibía visitas algunas veces de los familiares de la viejecita que se había casado con él.
Me contó que no me había mentido, que su mujer seguía estando loca, que todos los viejos de la Residencia andaban mal de la cabeza, pero ahora él también estaba loco, y también era viejo, pero ya no estaba solo, pero ya llevaba calcetines todos los días y recibía regalos por su santo, cumpleaños y aniversario.
Me contó que ya no le importaba verse en el espejo, que ya no intentaba querer hacer lo que sabía que no podía hacer, me contó que jugaba muy bien a las cartas y al parchís, y que se dejaba ganar por su mujer. Me contó que ya no quería irse ya nunca mas de su casa, de la Residencia. El pasea por el parque pequeño de su casa, cogido de la mano de su mujer y sentándose a escuchar música en un banco amarillo junto a su viejecita.
Me contó que no dormía mucho y que nunca recibía visitas, que nunca hablaba con nadie porque todos eran muy viejos y andaban mal de la cabeza y sólo sabían decir tonterías y hablar de la cercana visita de sus hijos.
Se enfurecía al verlos hablar y se encerraba en su habitación, sólo cuando la visita de sus compañeros de Residencia se encontraba lejos, entonces salía a pasear.
- Esa es la más loca de todas.
Una viejecita sentada en un banco, escuchaba o parecía escuchar la música de un pequeño aparato de radio.
- Hace unos meses quiso que yo fuera su novio, me gustaba esconderme cuando ella me buscaba y quería ......
Se había acercado aquella mujer, con el paso cansino, arrastrando los pies pesadamente
- Son unos calcetines, los he hecho para ti, porque sé que hoy es tu cumpleaños.
- Escucha, vieja tonta, no me voy a casar contigo
- Escucha tú, viejo gruñón, yo sólo se hacer calcetines y te los daba a ti porque me das mucha pena, siempre estas solo y hasta en invierno andas sin calcetines muchos días, porque no hay quien quiera hacértelos.
Se fue con su aparato de música.
- Uno de estos días me iré de aquí, ya no los soporto, son unos pobres viejos que no valen para nada, todos andan mal de la cabeza.
Me contó, que un día, salió sin sus calcetines y una ambulancia lo recogió cuando intentaba acercarse al pueblo, alejado de la Residencia.
Me contó que le pusieron muchas inyecciones y que estuvo mucho tiempo en la cama, que había querido irse de la Residencia ,porque veía en aquellos hombres a una persona, que eran como él, pero que él no quería ser así. Él no quería ser viejo, pero lo era.
Me contó, que cuando estuvo en cama recibió una sola visita, aquella viejecita que escuchaba música, y que hablaba, hablaba, hablaba ..... , pero que cuando se iba se sentía solo, quería que volviera y no le importaba que no le dejara a él meter parte en la conversación.
Me contó que en mucho tiempo no se había detenido a escuchar el piar de los gorriones, ni a echarles migas de pan, que ya no solía pasear solo y que recibía visitas algunas veces de los familiares de la viejecita que se había casado con él.
Me contó que no me había mentido, que su mujer seguía estando loca, que todos los viejos de la Residencia andaban mal de la cabeza, pero ahora él también estaba loco, y también era viejo, pero ya no estaba solo, pero ya llevaba calcetines todos los días y recibía regalos por su santo, cumpleaños y aniversario.
Me contó que ya no le importaba verse en el espejo, que ya no intentaba querer hacer lo que sabía que no podía hacer, me contó que jugaba muy bien a las cartas y al parchís, y que se dejaba ganar por su mujer. Me contó que ya no quería irse ya nunca mas de su casa, de la Residencia. El pasea por el parque pequeño de su casa, cogido de la mano de su mujer y sentándose a escuchar música en un banco amarillo junto a su viejecita.
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